Deliveroo, la justicia y la esclavitud

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Decía Kant en su gran obra «Fundamentación de la metafísica de las costumbres» (1785): «Obra de tal modo que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin y nunca solamente como un medio». Esta reflexión del filósofo prusiano permite vislumbrar una forma de relación justa en lo cualitativo entre los seres humanos, en su época el capitalismo era algo muy incipiente, pero el genio de Köenisberg nos regaló esta máxima para tratar de verter luz en algo tan complejo como son las relaciones humanas (incluidas las laborales). Más tarde el capitalismo y el trabajo asalariado desplegaron sus alas y esta búsqueda de la equidad en las relaciones humanas (laborales) se ha alejado más y más del ideal kantiano,  acercándose peligrosamente a una de las formas de relación humana más habitual en la época de Kant, la esclavitud, en la cual se convierte al ser humano en mera «herramienta», en un «medio» para la consecución del beneficio de unos pocos listillos . Las nuevas tecnologías han favorecido la llegada de la mal llamada «economía colaborativa», bonito nombre para enmascarar lo que es una forma de economía extractiva, no contributiva y refractaria a todo cuerpo legal que trate de fiscalizar sus beneficios y de nivelar las relaciones entre los trabajadores y los patronos. Un caso paradigmático para el territorio español sería Deliveroo, una empresa de servicios dedicada a «extraer» su beneficio de la entrega a domicilio de productos en una cadena en la cual ellos al parecer «sólo» son meros intermediarios entre el cliente y alguien que quiere ganar «algún dinerillo», «de forma libre», ejerciendo de transportista y operario. Hasta ahora han sido impunes en su modus operandi, desentendiéndose de forma vergonzosa de aquellos que le permitían ganar jugosos dividendos, los llamados «riders» (repartidores), tratándolos como auténticos ilotas de Esparta, sin reconocerles ningún derecho y exigiéndoles eso sí plena «implicación» y «dedicación» a la tarea por la cual se les deja caer una soldada prácticamente de limosna.

Llegados a este punto su avaricia se ha topado con algún juez honrado, puesto que de todo hay hasta incluso en la judicatura, y en su fallo, un juzgado de lo social de Madrid, dando la razón al demandante que en este caso era el Estado (Tesorería General de la Seguridad Social) ha concluído lo que era de cajón y es que los repartidores efectuaban tareas con las características de una relación laboral más cercana a la de asalariado que a la de autónomo colaborador. Esta no ha sido la primera sentencia, antes aquí en la Comunidad Valenciana ya hubo una sentencia que se manifestaba en similares términos. Por supuesto esta no es la última palabra, cabe recurso ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, y seguramente ante cualquier otro Tribunal Superior de la Comunidad donde se les halla sentenciado, seguramente estos sacamantecas de Deliveroo como otras empresas de la misma calaña, estilo Uber, Cabify, Glovoo, etc… no desistirá en la consecución de sus objetivos, vía judicial y propagandística, que no son otros que seguir usando a l@s trabajador@s a modo de herramienta barata para dar un servicio por el cual parafraseando al maravilloso sargento Hartman de «La chaqueta metálica» ellos se comen el Donut y otros los fabrican y se lo meten en la boca. Bien, esperaremos mientras mostramos toda nuestra solidaridad con todos aquellos trabajadores y trabajadoras que son usados pervirtiendo la máxima kantiana como medio para llegar a un fin que es el de el beneficio de unos pocos con el sudor de muchos más. ¡Suerte compañer@s estamos con vosotr@s hasta el final!.

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